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El siglo XVII y principios del XVIII fueron de gran recesión demográfica y económica, provocados por la peste y el declive del Reino de Valencia en general, pero el dinamismo retornó y a finales del XVIII ya son mas de 1500 los ontinyentinos empleados en las fábricas de papel, de paños, lienzos y bayetones, prolongándose el crecimiento hasta la primera mitad del siglo XIX. La ciudad se amplió y aparecieron hermosos palacios y casas señoriales.
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