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El
actual Palacio de Justicia fue en su origen la Casa Aduana,
construida por orden de Carlos III entre 1758 y 1802, obra de los arquitectos
Felipe Rubio, Antonio Gilabert y Tomás Miner. Por ella se canalizaba todo el
comercio que, proveniente del mar, hacía de Valencia uno de los centros económicos
del siglo XVIII.
En 1828 se transformó en fábrica de tabacos y en
1914 comenzaron las obras de adaptación para convertirla en la sede del Palacio
de Justicia.
El edificio ocupa una gran manzana rectangular y
sus fachadas están compuestas por muros de ladrillo visto entre pilastras de
piedra con zócalo almohadillado, y balcones con frontones rectos y curvos que
se abren en el piso principal. La cornisa con balaustres, gallones y hornacinas
muestra aún un gusto barroco, mientras la portada central se destaca del muro
en forma de imafronte y se remata con un conjunto escultórico en el que Carlos
III aparece entre dos Virtudes, obra de Ignacio Vergara. En su interior una
escalera monumental, de un puro academicismo neoclásico que recuerda a las de
los palacios, se abre tras la puerta, dividiendo en dos el patio porticado.
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