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El
monasterio de la Santísima Trinidad, habitado por monjas clarisas desde el
siglo XV, esta situado en la margen izquierda del Turia en la ciudad de
Valencia. Se trata de una fundación medieval de gran importancia y que tuvo una
amplia repercusión en la vida cultural valenciana en los siglos siguientes, y
es un magnífico ejemplo de la perfección alcanzada por los arquitectos,
canteros y albañiles valencianos a lo largo del siglo XV.
La
fundación fue realizada por la reina María de Castilla, mujer de Alfonso V el
Magnánimo, sobre el solar de un convento trinitario establecido en el año 1256
para el cuidado del adjunto hospital de San Guillem.
Fue
abadesa de este convento la célebre humanista Isabel de Villena que acabó y
enriquecio la obra del monasterio. Éste se convirtió en un foco de cultural
vinculado a la universidad literaria.
A lo largo del siglo XVII fue enriquecido con los dones y reliquias ofrecidos
por María de Corella, Condesa de la Puebla, que entre otras cosas adornó espléndidamente
el coro bajo, así como por numerosas bulas papales y privilegios reales.
Fue
abandonado en la guerra de Sucesión y sufrió destrucciones en la guerra de la
independencia con la ocupación del monasterio por las tropas francesas que
saquearon la iglesia y sus dependencias. La guerra civil y la riada de 1957
fueron otros momentos difíciles para el monasterio con graves pérdidas en su
patrimonio mueble. Pese a todo el edificio sigue siendo un rico depósito de
obras artísticas reflejo de la historia de la ciudad.
Destaca
la protada principal de la iglesia, excelente ejemplar de gótico flamígero,
con un bello medallón renacentista en el tímpano. El interior es amplio y está
decorado con ornamentación barroca de fines del siglo XVII (1695-1700). A ambos
lados del altar se abren dos magníficas portadas barrocas policromas. El coro
bajo es una pieza de crucería gótica amueblada y enriquecida en el s. XVII y
en cuyo techo se funden policromos grutescos barrocos a pinturas de ángeles
posteriores al saqueo francés. El coro alto ocupa dos tramos de la nave barroca
de la iglesia, decorado con numerosos cuadros y da acceso al archivo y actual
sala capitular de estilo isabelino.
El
claustro es de estilo gótico purísimo de fines del s. XV y su belleza se debe
sobre todo a la perfecta armonía de sus lineas y a la gran calidad de la talla
de la piedra.
Sigue
albergando a la comunidad religiosa de clausura.
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