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La
primitiva iglesia de Sant Joan Mercat se alzó en el arrabal de la ciudad
conocido como la Boatella. De su antigua estructura gótica aún queda la nave y
el gran óculo cegado, conocido como "la O de Sant Joan", que fue
concebido como un gran rosetón en la fachada de los pies.
En 1592 la iglesia sufrió un aparatoso incendio que obligó a una
reconstrucción casi total a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Destaca por lo
infrecuente la amplia fachada del Mercado, concebida como un grandioso retablo
de piedra sobre una terraza que domina la plaza frente a la Lonja, formando un
conjunto urbanístico único.
La preside la escultura de la Virgen del Rosario, obra en estuco de
Jacopo Bertesi, y sobre ella se alza la torre del reloj, flanqueada por los dos
Santos Juanes y coronada por el famoso "pardal de Sant Joan", la
veleta a la que -según cuenta la tradición- se hacía mirar a los niños
cuando sus humildes padres los abandonaban en la plaza. En la parte baja de la
terraza se abren "les covetes de Sant Joan", semisótanos en los que
antaño se ubicaban chatarrerías y tiendas de viejo, parte de la historia viva
de Valencia.
El interior del templo es de una desbordante imaginación barroca, con
estatuas de Bertesi que representan a personajes de las Doce Tribus de Israel, y
sobre todo el conjunto de los frescos que ejecutó Antonio Palomino en la bóveda.
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