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La
catedral de Valencia se edificó sobre la antigua mezquita mayor, colocándose
la primera piedra en el año 1262. Su construcción se prolongó durante varios
siglos por lo que en su obra pueden observarse elementos de época románica, gótica
y barroca.
La puerta románica es la más antigua de las tres que tiene la catedral. Es de
destacar la decoración de las arquivoltas, con escenas del Antiguo Testamento,
y las cabecillas esculpidas que asoman en la cornisa, que, según la tradición,
representan los siete maridos y las siete mujeres que se encargaron de traer a
Valencia, desde Lérida, setecientas doncellas como esposas para los primeros
pobladores cristianos llegados en tiempos del rey Jaume I.
La puerta de los Apóstoles es de época gótica y en ella se representan imágenes
de los doce apóstoles que le dan nombre, así como otras figuras de santos y ángeles
músicos. Por encima, puede verse un gran rosetón con decoración de tracería
cuyo motivo se conoce popularmente como el Salomó de la Seu. Delante de esta
portada se celebra cada jueves el Tribunal de las Aguas, institución de origen
medieval que regula de palabra el uso de los riegos de la huerta.
A
los pies de la catedral se alza el campanario conocido popularmente como el
Miquelet por el nombre de su campana mayor -la "Miquel", de 10 Tn de
peso, fundida en 1532-. Se construyó entre finales del siglo XIV y principios
del XV, de acuerdo al proyecto de Andreu Julià, y en él intervino también
Pere Balaguer, el arquitecto de las torres de Serranos. Tiene planta octogonal y
mide 50'85 metros de altura, distancia idéntica a su perímetro. Se puede
acceder a la torre por una escalera de caracol, que conduce hasta la terraza,
desde donde se tiene una magnífica vista de la ciudad.
De época renacentista son algunos espacios interiores y la galería de
arcos de la cabecera. Destaca el gran retablo del altar mayor, dedicado a la
Virgen, auténtica joya del Renacimiento valenciano, obra de Hernando Yáñez de
la Almedina y Hernando de los Llanos, dos pintores castellanos discípulos de
Leonardo da Vinci. Si rodeamos el altar por la derecha, justo detrás
encontraremos la Capilla de la Resurrección, así llamada por el relieve de
Bartolomé Ordóñez que la preside. Es una de las primeras arquitecturas
renacentistas de la Península, hecha de alabastro y adornada con columnas,
guirnaldas, querubines y águilas. Contemporáneo es el órgano que se alza por
encima de ella, y que reproduce en madera toda esa minuciosa decoración
clasicista. Caminando un poco más hacia la derecha encontraremos la salida a la
Plaza de la Virgen.
Debemos
alejarnos un poco del edificio para contemplar mejor la galería de arcos que se
conoce como la Obra Nova, o, más popularmente, "els Balconets de la
Seu". El arquitecto Gaspar Gregori la concibió como una tribuna desde la
que el arzobispo y su cabildo podrían contemplar las procesiones y los actos
públicos. La sucesión de arcos, que recuerda el Coliseo de Roma, se inspira en
tratados italianos de arquitectura. Bajo el arco inferior central tuvo su
capilla la Virgen de los Desamparados antes de que se levantara la Basílica.
De época barroca es la puerta de los Hierros -la que se abre a los pies
del templo- que toma su nombre de la verja de cierre, obra del alemán Conrad
Rudolf, muy original por su superficie curva. Se construyó con esta forma para
adaptarse a la estrecha calle de Zaragoza que se extendía frente a ella antes
de que se abriera la actual plaza de la Reina. La ondulación de la portada es
una novedad en el barroco hispánico que imita formas de Italia ya en fechas
tardías, pues fue alzada entre 1703 y 1741, y se adorna con estatuas de
Francisco Vergara. También es barroco el revestimiento del presbiterio,
proyectado por el aragonés Juan Bautista Pérez Castiel y ejecutado entre 1674
y 1682, recubriendo las estructuras góticas con bronces, jaspes y mármoles
policromos que adoptan formas de hojarasca, conchas, victorias aladas, pilastras
dobladas y columnas salomónicas con una cierta ordenación clasicista, pero que
la harían aparecer como una gruta mágica en la liturgia barroca que se
desarrollaba a la luz de las velas.
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