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La
Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados es el templo dedicado a la
patrona de la ciudad, que fue construido entre 1652 y 1667, siendo por tanto la
primera obra barroca de nueva planta que se alzó en Valencia.
La cofradía de la Mare de Déu dels Innocents i Desemparats tiene
sus orígenes a principios del siglo XV, y se fundó para socorrer a los
enfermos mentales -los Innocents- y para dar sepultura a los cadáveres
abandonados o a los de los ajusticiados -los desemparats. La imagen de la Virgen
es de hecho una talla gótica de madera que se ponía acostada sobre los cuerpos
de los difuntos durante el cortejo fúnebre, de ahí la inclinación de su
cabeza, bajo la que se colocaba un cojín. Más tarde se la recubrió con los
mantos y joyas que hoy la adornan, y en el siglo XVIII se le añadieron los dos
inocentes que están a sus pies, obra de Vergara.
La Basílica fue proyectada por el arquitecto de Requena Diego Martínez
Ponce de Urrana y se caracteriza por su cúpula oval que se inscribe dentro de
un cuadrilátero irregular. Alrededor del espacio central se sitúan diversas
capillas y el camarín de la Virgen, con un mecanismo que permite girar la
imagen para la veneración privada.
Las pinturas de la bóveda son obra de Antonio Palomino, y destacan por
su perspectiva, que parece abrirse hacia lo alto, donde la Virgen intercede por
los inocentes ante la Trinidad.
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