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Las
fiestas taurinas han gozado siempre de una gran acogida entre los valencianos,
tanto los lances a caballo como el -más reciente- toreo a pie. Hasta el siglo
XVIII los espectáculos tenían lugar en la plaza del mercado, si bien
posteriormente se celebraron algunas corridas en la plaza de Santo Domingo.
Con la construcción de la plaza de toros de la
calle Xátiva en 1850 se dotó a la ciudad de un coso estable y capaz para
acoger la masiva asistencia de aficionados.
La plaza de toros se presenta al espectador como un
rotundo cilindro de ladrillo, con cuatro órdenes de arquerías, que recuerda el
anfiteatro de Nimes y el Coliseo de Roma. Es probablemente el primer edificio de
la ciudad que emplea hierro al descubierto, en concreto en las columnas que
sujetan las galerías de la grada. En el momento de su construcción, el
edificio tenía un aforo capaz para 16800 espectadores, cifra en consonancia con
la pasión que despertaba la "fiesta" entre sus contemporáneos, sólo
comparable con la que provoca ahora el fútbol.
Toreros como Frascuelo eran aclamados como ídolos populares y, al decir
de las crónicas de la época, más de uno empeñaba hasta la ropa para verlo
torear.
Con acceso desde el pasaje contiguo a la plaza, se halla el Museo
Taurino, abierto de lunes a domingo, de 10 a 21 horas en verano y de 10 a 20
horas en invierno.
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