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La
plaza del Mercat ha tenido desde la edad media una señalada vocación
comercial. Aquí se celebraba el mercado, primero en puestos al aire libre -las
populares "parades" con sus blancos toldos y su colorista mercancía
expuesta al público-, que desde 1839 se completaron con un edificio construido
al efecto. Con el cambio de siglo, sin embargo, se hizo evidente la necesidad de
una instalación de mayor capacidad.
Proyectado en 1914 por los arquitectos Alejandro
Soler March y Francisco Guardia Vial, antiguos cooperadores de Doménech
Montaner, las obras del Mercado central se iniciaron en 1910 y su conclusión se
retrasó hasta 1928, ya bajo la dirección de Enrique Viedma, siendo inauguradas
por Alfonso XIII.
La planta del edificio se adapta a la forma de la
parcela que ocupa, de más de 8000 metros cuadradso, resolviéndose sus
cubiertas por medio de innovadoras cúpulas y diferentes techumbres inclinadas.
La armadura de cubrimiento remite a las grandes arquitecturas industriales del
hierro, como las de la estación del Norte o el mercado de Colón, mientras que
los muros perimetrales, que apenas tienen función de sustentación sino más
bien de cerramiento, están provistos de zócalos cerámicos polícromos en su
base y de "mallorquinas" metálicas en su extremo.
Alegórica arquitectura del acero, encarna en su ornamentación
simbólica la luminosidad de las cerámicas de La Ceramo y el colorido de sus
vidrieras, toda la riqueza de la misma Huerta.
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