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Cosechó otro gran éxito en Valencia con su obra El crit del palleter sobre la
Guerra de la Independencia. De esta manera, fue pensionado por la Diputación
Provincial de Valencia para viajar a Roma donde, a la vez que trabajaba, conoció
el arte clásico y renacentista, así como los grandes museos, contactando,
además, con otros artistas.
Con su amigo el pintor Pedro Gil se desplazó a París durante el primer semestre
de 1885, viviendo de cerca la pintura impresionista que produjo en él, ya de
regreso en Roma, variaciones en su temática y estilo, llegando a pintar el
cuadro religioso El entierro de Cristo, con el que no tuvo el éxito esperado.
En 1888 contrajo matrimonio con Clotilde García en Valencia, pero vivirían un
año más en Italia, esta vez en la localidad de Asís. En 1889 se instalaron en
Madrid y, en apenas cinco años, Sorolla alcanzó cierta fama y prestigio como
pintor.
En 1894 viajó de nuevo a París, donde desarrolló el luminismo, que sería
característico de su obra a partir de ahora. Comenzó a pintar al aire libre,
dominando con maestría la luz y combinándola con escenas cotidianas y
paisajísticas de la vida mediterránea. En obras como La vuelta de la pesca, La
playa de Valencia o Triste herencia, describió el sentimiento que producía la
visión del mar Mediterráneo, comunicando el esplendor de una mañana de playa con
un colorido vibrante y un estilo suelto y vigoroso.
Con Triste herencia recibió, en 1900, el Grand Prix en el certamen internacional
de París. Además siguió con su pintura de denuncia social que tantos éxitos le
había reportado en los últimos años con obras como I encara diuen que el peix és
car (1895).
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