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Llegamos
a Azuebar y lo primero que nos aparece es un
bonito pueblo, con un castillo en la cima de
la montaña. A la izquierda, según se llega
desde Valencia, encontraremos el Restaurante
y Hostal Espadán.
El restaurante podría pasarnos desapercibido
pues podría confundirse con el típico
restaurante de pueblo interior, café,
carajillo y todo lo mas unas olivas o unas
patatas bravas. ¡Nada más lejos de la
realidad!.
La cocina del Mesón Espadán es de una gran
calidad. Patrik, el cocinero y dueño, junto
con su esposa Paqui, nos ofrece una cocina
mediterránea de categoría, en su justo punto
de especies y realizada con el tiempo el
buen hacer de un cocinero que podría estar
en cualquier restaurante de 5 tenedores en
los cuales, la única diferencia entre los
platos sería, que tendríamos mucha menos
cantidad y el precio sería tres veces
superior.

Para no comer nada preparado especialmente
pedimos el plato del día que consistió en lo
siguiente. Primeros:
Paella Valenciana y
gazpacho andaluz (hay que destacar
que los ingredientes son de su propia huerta
y totalmente ecológicos). Segundos:
Conejo con caracoles y lenguado
relleno de gambitas. Postre: Mousse de
chocolate blanco y tarta de queso con
arándanos.
Todo resulto de primerísima calidad y en su
punto.
La paella con el grano suelto y ese ligero
sabor a romero que la hace deliciosa. El
conejo con caracoles que es típico del Alto
Palancia y que todavía no habíamos probado
resulto un excelente plato y el resto de los
platos, el lenguado y el gazpacho dejaron
encantada a mi esposa. Los postres una
auténtica delicia.
Otra cosa muy importante es la atención y en
esto, Paqui es una maestra. En todo momento
nos sentimos atendidos sin que resultara
cargante. Una comida deliciosa, casera,
mediterránea y como en nuestra propia casa.
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