A un pan casero bien hecho nadie
se resiste. Y si está recién hecho, ya puede estar acompañando al
mejor guiso, que es posible que la estrella de la comida sea nuestro
pan.
Para obtener éxito cuando hacemos
nuestro pan es conveniente seguir los pasos si te guías por una receta,
utilizar los ingredientes especificados, realizar el amasado pertinente,
respetar los tiempos de levado, etc. A medida que avanza la experiencia
en la elaboración de pan se va conociendo el comportamiento de la masa
en todos sus procesos, entonces se podrá empezar a improvisar y a crear
propios panes.
Uno de los problemas más comunes
es que la corteza ha quedado demasiado blanda.
Esto puede deberse a la falta de vapor en el horno. Se soluciona
fácilmente si se proporciona la humedad necesaria al horneado, se puede
colocar una bandeja con agua en la parte inferior del horno durante la
cocción del pan, también se puede rociar agua con un pulverizador dos
o tres veces durante la cocción. El glaseado del pan y la
pulverización del horno debe realizarse primero antes de introducir el
pan en el horno, y después, tras unos veinte minutos de horneado y una
vez más si se extiende el tiempo de cocción.
El problema contrario, obtener un
pan con la corteza demasiado dura,
sucederá si te excedes en la glasa o en la vaporización del horno.
Este exceso se remedia pulverizando menos agua en el próximo horneado y
el pan ya elaborado lo podrás disfrutar si lo dejas unas horas dentro
de una bolsa de plástico.
A veces los
lados del pan, así como la base o fondo, quedan muy blancos,
parece que les falte cocción. Esto puede ocurrir porque la temperatura
del horno era más baja de lo recomendable o porque la masa del pan se
encontraba en un molde que impedía que el calor penetrara. Esto
también tiene remedio, retira el pan del molde, ponlo boca abajo, y
hornea cinco o diez minutos más.
Una corteza
blanda y clara puede indicar, además de que la temperatura del
horno estuviese demasiado baja, que le falta tiempo de horneado. Nos
aseguramos de que el pan está en su punto golpeando con los nudillos en
la corteza, y debe sonar a hueco. Si no sucede, deja cocer unos minutos
más y si pones el pan directamente sobre el calor de la placa del horno
mejor.
Por varios motivos puede quedar un
pan seco, que se rompe y se desmenuza.
Puede deberse a un exceso de cocción, a una masa con demasiada harina o
a una temperatura del horno demasiado elevada. Contempla estas tres
posibilidades para tu próxima elaboración de pan. A veces, aunque las
recetas se cumplan al dedillo, pueden variar las características de la
harina utilizada, también cada horno actúa de una manera, para
controlarlo hay que conocerlo.
Pensad que hay hornos de leña, de gas, elécticos, con ventilador y sin
él, con vapor y sin él, de convección, de convección y vapor, y de
mil tipos más. Cada horno es un mundo. Conocerlo a fondo es asunto
tuyo. Debes aprender sus reacciones, medir su temperatura, controlar la
humedad, y verás que no hace falta ser ingeniero ni semidiós para
hacer maravillas con él.
Un exceso de líquido en la masa
puede proporcionarnos un pan achatado y denso.
Es muy importante trabajar la masa lo suficiente para obtener una
textura adecuada, que la harina se una con el líquido, se desarrolle el
gluten, atrapando aire en su interior. Amasando a mano, dependiendo del
pan que se quiera elaborar, el trabajo debe durar como mínimo diez
minutos. Jamás debemos tener prisa ni tener miedo a trabajar un poco en
el amasado.
Otros problemas los podemos
observar antes de hornear el pan, como que la masa
no sube durante el leudado, difícilmente será porque se ha
olvidado agregar la levadura, pero todo puede pasar. Quizá el problema
es que la levadura estaba caducada, por lo tanto no realizará su
función. Es buena idea trabajar siempre con prefermentos. Vereis como
ese problema desaparece.
Si la masa
se seca durante el levado porque no la hemos cubierto y la
humedad se ha perdido, obtendremos un pan con una corteza frágil, que
se desprende del pan. También puede suceder porque la temperatura del
horno es más baja de lo recomendable y la masa no crece de forma
regular.
Es imprescindible introducir el pan en el horno cuando éste ha
adquirido la temperatura necesaria, es más, el horno debe precalentarse
a una temperatura ligeramente superior a la del horneado, pues siempre
se pierde algo de calor al abrir la puerta. En el momento de hornear el
pan se pone a la temperatura recomendada y listo.
Si has elaborado pan y todo es
correcto hasta el momento de dejarlo sobre una rejilla para que se
enfríe, aún puede haber otro problema, que el pan sepa a levadura. Se
cae en el error de creer que cuanta más levadura se aplique, más
esponjoso va a resultar el pan. También hay quien aumenta la cantidad
de levadura en la masa porque se desea acortar el tiempo de levado, pero
ya sabemos que la elaboración de pan necesita tiempo y mimo. El pan
debe elaborarse con la cantidad de levadura justa y necesaria para
obtener como resultado el pan deseado.
La mayoría de personas cree que cuando se acaba el horneado se ha
terminado la cocción del pan, pero eso no es cierto. Cuando un pan sale
del horno, su temperatura interior es de alrededor de 86ºC y seguirá
cociendo hasta que llegue a unos 70ºC, y mientras se intensificará su
sabor, y se seguirá secando.
Si rompemos una barra de pan al sacarla del horno, su interior estará
húmedo y crudo, pegajoso. Los almidones no habran terminado de
asentarse y estarán saturados de vapor, que debe salir a través de la
miga y la corteza y en parte es absorbido por ella, y para que el
resultado sea óptimo, todo ese proceso debe completarse por sí mismo.
El momento ideal para comer el pan es cuando su temperatura está
alrededor de los 27 ºC. En ese momento su sabor estará pleno y en su
punto. Si se come tibio, por mucho que se funda mejor la mantequilla, no
se disfrutará de todo su sabor.
El pan debe enfriarse del todo, y sobre tablas de madera o rejilla para
que no se formen condensaciones de humedad bajo él, sin corrientes de
aire, poco a poco, con paciencia.
Para almacenar el pan, tampoco se hace igual con todos los panes.
Los panes no grasos y de corteza dura se deben almacenar envueltos en
papel simplemente si los vamos a guardar un día. Si es para más,
después del papel los metemos en una bolsa de plástico sacando todo el
aire posible, y podemos guardarlos en un lugar fresco y seco o
congelarlos (mejor a rebanadas para coger el que queramos sin
descongelar todo).
El pan blando, el enriquecido y el de molde, debe guardarse en plástico
sin aire y guardarse en lugar fresco y seco (Si le da la luz, transpira
y crea moho) o congelarse.
El pan que se quiera secar para rallar o hacer picatostes, no se debe
guardar en plástico, pues transpirará y formara moho.
Jamás almacene pan caliente en bolsas de plástico o film de cocina,
pues transpirará de inmediato, se humedecerá y si lo guardamos hará
moho.
Si queremos descongelar el pan, debemos sacarlo un par de horas antes de
consumirlo. Si es posible, nunca deberías usar un microondas, pues lo
reseca. Si por urgencia debemos usarlo, envolver bien el pan en papel de
cocina y decongelar con el microondas a media potencia controlando que
no se caliente el exterior cuando aún esté congelado el interior. El
papel absorberá humedad del pan, devolviéndosela durante unos minutos
que lo deberemos dejar reposar envuelto aún al sacarlo del horno antes
de usarlo.