Comarca Rural
Lectura: Un pliegue en el tiempo

Pliegue del tiempo
Los fantasmas

- ¿Fantasmas? - preguntó Rose Marie - yo siempre supuse que los fantasmas son gente muerta del pasado.

- Esa es la clave - dijo Luis - son gente del pasado y normalmente muerta porque estos pliegues no suelen producirse en espacios muy cortos. 

Si tu intentas doblar cualquier cosa, digamos por ejemplo un cartón por poner algo sencillo, cuanto más alejados estén los extremos más fácil es hacerlos coincidir, por esta razón esos pliegues tienen un lugar óptimo, lo suficientemente alejados pero pertenecientes a la misma onda. Supongo que os habréis fijado que esos fantasmas no son nunca romanos o iberos, ni tan siquiera son de más de un centenar de años. ¿Acaso es que todos los muertos de estos tiempos están ya tranquilos y sin nada que decir?. Son pliegues que nos permiten ver por algunos segundos, o minutos, algo que pasó en ese lugar en el lugar del pasado que roza ese pliegue del tiempo. Para esa gente del pasado también somos fantasmas pero al ser un tiempo que está transcurriendo en ese momento son circunstancias muy distintas. En vuestra época ya se ve distinto pero en tiempos muy alejados se veían más como ángeles o demonios.

- Bueno - dijo Joan - se nos está reblandeciendo el cerebro y para continuar necesitamos algo que nos ayude. Voy a bajar a hablar con Flo porque veo que se ha olvidado de nosotros.

Bajó pues Joan e indicó a Flo que lo atendiera en cuanto pudiera. Hizo una seña Flo a la muchacha que la ayudaba y se dirigió a Joan.

- Joan, discúlpame, se me ha olvidado serviros lo vuestro. Te lo hago enseguida.

- No, espera Flo. Haz otras cosas. ¿Podrías mandarnos unos bocadillos de blanco y negro, esgarraet y atún con mayonesa y olivas, pero que no sean pulguitas. También te agradeceré que en lugar de las cervezas, nos mandes una jarra de agua de Valencia. No se porqué pero creo que nuestro invitado lo agradecerá.

- ¿Eso está hecho Joan, dame cinco minutos!.

Joan subió al palomar y Flo comenzó a preparar la comanda.

En un plato puso una lata de atún en conserva que deshizo cuidadosamente, salsa mayonesa y unas olivas sin hueso cortadas a pedacitos. Como los panes para los bocadillos estaban recientes no necesitó calentarlos y sencillamente cortó dos por la mitad y con una cuchara extendió la mezcla del plato. A continuación continuó con los de blanco y negro.

Puso en la parrilla dos longanizas y dos morcillas de carne y cuando vió que estaban casi hechas puso en la plancha dos panes de bocadillo partidos por la mitad. Puso muy poco de mantequilla en cada uno de los lados de los panes y los calentó en la plancha, de este modo el pan resultó jugoso y a continuación colocó una longaniza y una morcilla en cada uno de ellos.

Los bocadillos de esgarraet fueron más sencillos porque la mezcla estaba hecha. Pimiento rojo asado , pelado y cortado a pedacitos, bacalao desalado parcialmente y todo, junto con unos ajitos, macerados en aceite de oliva de la sierra Espadán. Los dos panecitos partidos por la mitad y con la mezcla repartida.

Cada uno de ellos envuelto con una servilleta y en una fuente los dejó sobre el mostrador para subirlos. Mientras su marido se había encargado de hacer el agua de Valencia.

En un par de jarras puso el zumo de naranja recién exprimido, uno poco más de la mitad. Terminó de llenar con una botella de cava y añadió un poco de Cointreau, vodka y ginebra. Lo probó y añadió azucar hasta que estuvo a su gusto. Unos cubitos de hielo y la fuente y las jarras fueron subidas a los amigos del palomar.
 

Las máquinas evolucionan y se reproducen a velocidad prodigiosa. Si no les declaramos la guerra a muerte será demasiado tarde para resistirse a su dominio.
Samuel Butler (novelista)

Un pliegue en el tiempo

Esta web utiliza cookies para mejorar su navegación. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso.