La Pâte fermentée o pié
francés es una masa madre que convierte cualquier pan en
una delicia y su elaboración es de lo más sencilla. La
Pâte fermentée no es más que una masa de pan francés
(una masa antigua) que se deja levar y después reposar toda
la noche en el frigorífico, aunque según expertos
panaderos, también se puede usar dos horas después de
elaborarla dejándola fermentar a temperatura ambiente, pero
no se obtendrá la misma calidad de pan.
Este prefermento se puede
conservar en el frigorífico hasta tres días, pero hay que
retirarlo una hora antes de utilizarlo en la elaboración
del pan, mientras que en el congelador se puede conservar
hasta tres meses si se cierra en una bolsa de congelación
hermética, en este caso necesitará más tiempo para
decongelarse, lo ideal es respetar la cadena de frío y
dejar descongelar en el frigorífico.
La función que cumple la pâte
fermentée es la de hacer madurar más rápidamente la masa
recién hecha con la que se elaborará el pan y además, en
muchas de elaboraciones, como en las baguettes o pan
francés, se utiliza mayor proporción de esta masa
prefermentada que de masa nueva, por lo que el resultado que
nos ofrece en casa es similar a la calidad de un pan
profesional.
Con la pâte fermentée se
elaboran distintos panes, masas de pizza, empanadas… y
realmente el sabor y la textura del pan mejoran y se
conservan por más tiempo. Comencemos con el pié francés.
Ingredientes:
280 gramos de harina de
panadero sin blanquear, 4 gramos de levadura fresca, 5
gramos de sal y 180 gramos de agua (aproximadamente).
Elaboración:
Disuelve la levadura en el agua
que estará a temperatura ambiente. Mezcla en un cuenco
grande la harina con la sal y haz un volcán, vierte en el
centro el agua con la levadura y empieza a mezclar con
movimientos circulares hasta que todos los ingredientes se
integren.
Debe quedar una masa firme y
ligeramente pegajosa y siempre es mejor quedarse corto de
harina que de agua, es mucho más fácil de rectificar. Así
que obteniendo una masa muy pegajosa puedes rectificar de
harina.
Enharina la superficie de
trabajo y amasa la preparación durante seis minutos
aproximadamente, debes lograr una masa suave y maleable,
menos pegajosa que anteriormente, sólo ligeramente
adherente.
Haz una bola con la masa y
engrasa un cuenco con aceite de oliva, impregna la masa y
déjala fermentar a temperatura ambiente durante una hora o
hasta que su volumen aumente algo más del doble.
Pasado este tiempo, vuelve a
amasar para retirar el aire y vuelve a colocar la masa en el
cuenco. Cúbrelo con film transparente y reserva en el
frigorífico toda la noche. Al día siguiente tendrás una
masa fermentada con la que podrás hacer un pan
increíblemente delicioso.