Sagunto, situada en un lugar estratégico desde el punto de vista geográfico, es una ciudad cuya importancia histórica se manifiesta a través de sus más de dos mil años de existencia, así como por la conservación de grandes manifestaciones artísticas y culturales, que se corresponden con las diferentes culturas de los pueblos que en ella se asentaron y perduraron a lo largo de los siglos.

Respecto a su fundación, tradicionalmente se han introducido el mito y la leyenda para ennoblecer su origen, particularmente los autores clásicos que de ella han tratado, puesto que el inicio de su poblamiento se remonta sin duda a la noche de los tiempos, con los primeros pobladores de nuestra costa mediterránea y en ella siempre se encuentra capa sobre capa de yacimientos arqueológicos, y cada uno de ellos ha marcado su impronta en el carácter de esta tierra.

Debemos remontarnos a la Edad del Bronce para tener un conocimiento fehaciente de las gentes que habitaban la zona montañosa que rodea la ciudad –yacimientos del Pic dels Corbs, Aixeve, Picaio, L’Abardeta- con una cronología probada en alguno de los casos de 1.500 años a.C.

Estos poblados perdurarían hasta el siglo V a.C., fecha en la que florece la cultura ibérica, iniciándose un proceso de absorción de estos núcleos dispersos por parte de las gentes que ocupaban el cerro del actual castillo

Ya se habla de la ciudad de Sagunto en algunos textos de la literatura clásica, relacionándola con acontecimientos sucedidos en la Segunda Guerra Púnica. Esta ciudad ibero-edetana era conocida como Arse pero con el tiempo daría lugar a la ciudad hispanorromana Saguntum.

La ciudad ibero-edetana fue asediada por el general Aníbal en el año 219 adC; cuenta la leyenda que los ciudadanos de Sagunto al no recibir la ayuda de los romanos, y con la negativa de rendirse, decidieron encender una gran hoguera y se arrojaron todos a ella. Así se inicio la segunda guerra punica entre Cartago y la republica de Roma
Siete años después la ciudad fue recuperada por los romanos, bajo el nombre de Saguntum, quienes construyeron un gran circo en la parte baja de la ciudad y un teatro con capacidad de ocho mil espectadores.

Edad Media
Los árabes tomaron la ciudad en el año 713 d.C. A partir de esta época es cuando el topónimo Saguntum cambió a Morbyter y otras variantes, y más tarde se denominaría Murviedro en castellano y Murvedre o Molvedre en valenciano, denominaciones derivadas de los muri veretes ("muros viejos") de la Edad Media.
En el año 1239 se produjo la reconquista de la ciudad por Jaime I el Conquistador, rey de Aragón.

Edad Moderna y Contemporánea
En 1868, el nuevo Gobierno Provisional modificó el nombre de la ciudad, llamada Murviedro desde hacía más de diez siglos, por el antiguo nombre romano de Sagunto, siguiendo los cánones románticos y clasicistas de la época: se restituyó a Murviedro el glorioso nombre de Sagunto.
Fue en Sagunto donde, en diciembre de 1874, se produjo el pronunciamiento militar encabezado por el general Martínez Campos, que puso fin a la I República y originó el periodo de la Historia de España conocida como Restauración borbónica.
A principios del siglo XX se desarrolló una potente industria siderúrgica alrededor del Puerto de Sagunto, originando el actual núcleo urbano del Puerto.      En los años 80, debido a la reorganización industrial y a la crisis económica, se cerró el último alto horno.
La ciudad se declaró seguidamente como zona industrial, lo que favoreció una mayor diversificación de su sector productivo (cementos, química) y una especialización del sector sidero-metalúrgico, atrayendo las inversiones de grandes sociedades como el grupo Arcelor o la Thyssen Krupp.