Entretenimiento y cultura

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Nada nuevo bajo el sol.

Carrera de coches


Habían estado desde por la mañana probando los coches en el circuito de carreras de bólidos en miniatura teledirigidos. Los dos eran grandes aficionados y habían empezado desde la base: primero con cochecitos a pilas que se mandaban desde poca distancia, para pasar a otros más potentes que construyeron ellos mismos, a los que poco a poco iban mejorando a medida que sus conocimientos.... y el precio de las piezas se lo permitía.

Pero habían llegado a lo que se propusieron desde el principio: motores de explosión que eran auténticas maravillas de la ingeniería, a los que no faltaba detalle. El campeonato al que se iban a presentar suponía para ellos la culminación de toda una serie de esfuerzos porque uno, el rubio que parecía más joven, había conseguido montar en su prototipo un motor a kersoneno que iba a ser sin duda, la sorpresa del concurso, la meta que estaba esperando el chaval. Habían sido tiempos de esfuerzo, de ahorro, de estudio de los elementos mecánicos necesarios y de su ajuste para conseguir el resultado que ahora tenía en sus manos: el coche que él quería conseguir.

Formaban equipo y como compañeros se ayudaban en la pista cuanto les era posible dentro del reglamento y se conocían tan bien que su compenetración les hacía creer, con motivo, que la prueba reina del campeonato que se iba a disputar por la tarde iba a ser, en la modalidad de equipos, para ellos, y el primer puesto del podio para el rubio del coche a keroseno porque su habilidad y las brillantes prestaciones del motor del prototipo que había puesto personalmente a punto, hacían pensar que no habría rival capaz de batirle en la competición.

Los otros participantes, observaban las maniobras de los coches de nuestros dos amigos con caras de asombro, cuando no de envidia, porque la habilidad que ambos demostraban, unida a un rendimiento óptimo de los motores, hacía que los buenos aficionados apreciaran la mezcla de técnica y de entrenamiento y la aplaudieran en su fuero interno.

Terminado el tiempo de entrenamiento, se dedicaron a ajustar sus pequeños bólidos, limpiando aquí, engrasando allá, escuchando con atención de médicos el latir de los pequeños corazones de los prototipos, para detectar antes de que se pudiera producir, cualquier anomalía que diera al traste con sus esperanzas de victoria. Todo iba perfectamente, los motores "rodaban" sin un fallo y los vehículos obedecían a los mandos como un fórmula uno obedece a su piloto. Todo estaba preparado, pues, para la sesión victoriosa de la tarde.

Un poco por dejar pasar el tiempo y otro poco para calmar los nervios anteriores a la competición, decidieron tomarse un bocadillo y se dirigieron a un bar cercano que era una especie de punto de reunión de los aficionados a este tipo de competiciones. Tomaron asiento en una mesa libre junto a otra en la que un matrimonio, con un chico algo más joven que ellos, terminaba de comer. Los conocían de los entrenamientos de la mañana y "sabían" que el modelo del chaval sería uno de los rivales más duros a los que habrían de derrotar por la tarde, pero ellos estaban seguros de su victoria. El mismo chico los miraba tristemente, con una mezcla de envidia y de súplica mientras iba con su padre camino de los servicios.

Cuando padre e hijo estuvieron alejados, la madre se dirigió a ellos abiertamente: - Formáis el mejor equipo - les dijo - y tú- se dirigió al más joven de los dos, al del coche con motor de keroseno - llevas un coche perfecto, no hay quien os pueda ganar y lo voy a sentir mucho porque mi hijo tiene una gran ilusión en ganar una carrera antes de que pierda la suya propia.

¿Qué quiere decir con eso de "antes de que pierda la suya propia"?

Que tiene una enfermedad incurable y le queda menos de un mes de vida...

No les dio tiempo a comentar nada más porque llegaban los que habían estado ausentes y se despidieron con un "suerte", para a con- tinuación, ir a las pistas.

La competición estaba reñida desde el primer instante: todos los participantes habían ajustado sus bólidos afinando al máximo para obtener las mejores prestaciones y se veían en las expresiones de los rostros que sólo el trabajo en equipo y una conducción con riesgo de salirse del circuito podrían alzarse con la victoria. Embebidos en la competición, el ruido de los pequeños motores les parecían los de los fórmula uno en los campeonatos del mundo. La emoción estaba en lo más alto y los coches de nuestros amigos encabezaban la carrera con alternativas propiciadas por el del chaval enfermo que acusaba en su rostro el esfuerzo que le suponía concentrarse al máximo.

Ya en las cinco últimas vueltas, tanta tensión acabó por pasar factura, y el resto de coches, como una jauría, fueron ganando terreno poniendo en peligro la clasificación de nuestros tres protagonistas. La cara de la madre del muchacho era una súplica. Nuestro amigo, el rubio, dio un grito de aviso a su compañero que se hizo cargo de la situación y de inmediato reaccionó bloqueando a los perseguidores, mientras nuestro amigo se ponía en cabeza de carrera perseguido de cerca por el coche del muchacho enfermo que iba perdiendo terreno. De no ser por el bloqueo que ejecutaba con maestría el compañero del rubio, hubiera sido alcanzado por alguno de los que iban a la zaga.

En la última vuelta, el coche del bloqueador se avería y queda fuera de competición. Estaba la carrera en un pañuelo, solo quedaba una curva y luego, la recta que precedía a la meta. Los dos coches delanteros, el del rubio y el del muchacho enfermo, van a tomar la curva, se cruzan las miradas - la de la madre y la del rubio- y el coche de este continúa recto y se sale de la pista. Ha ganado el muchacho enfermo.

Alegría, saltos, abrazos y nuestros dos amigos fuera de podio, se miran satisfechos de cómo ha transcurrido la carrera.

¿Qué te ha pasado? - pregunté al rubio cuando los pude alcanzar - nos has dejado con la miel en los labios..... Y el rubio, sonriendo a su colega y con aire de misterio respondió: - este ha sido mi mejor triunfo.

Y así era; luego, en Navajas, en casa de sus padres, lo comentamos con detalle.